sábado, 31 de marzo de 2012

5:51 de la mañana


Leo en un blog un viernes a las 5 de la mañana “La belleza es lo honesto, lo esencial. Cuando nada sobra y todo está justificado el objeto es bello. Lo demás es histeria". Bien, a día de hoy no podría estar más de acuerdo. Leo una crítica de la película Diamond Flash un viernes a las cinco y diez de la mañana que habla de los patrones narrativos que esta película se salta una y otra vez. Escucho Stinger de Razorlight y pienso en la noche amarga casi insulsa en la que he ido a ver REC3 con un amigo y sus colegas y donde no he parado de hablar. Yo y todos ellos. Donde el ruido de todas nuestras voces saturaban la belleza de la vida. No éramos honestos y éramos histeria. Estamos locos por contar un montón de cosas para no escuchar ese silencio que verifica nuestra vacuidad. A veces me doy ascopena de lo mucho que me esfuerzo. Tengo miedo de ser irrelevante, de dejar de oirme pensar. Tengo demasiado miedo de morir y a la vez demasiado de construirme una serie de problemas y puzles para no pensar en ello.

Pienso en una mirada limpia de felicidad. Una mirada que tardé mucho en ver, no sé si porque estaba oculta o porque no quería verla o las dos cosas. La imagen en realidad son unos rayos de luz que caen sobre unos mechones de pelo, parte de la mejilla derecha, un ojo y un trozo de labio y es tan hermosa que duele. Duele tanto que el baile de endorfinas es perfecto e infinito y esa parte peor de mi huye y se escapa en problemas tontos. En excusas, en pasado y en consecuencias. Estoy tirando de una cuerda que me mantiene a salvo en mi isla pero que se está desgastando y cada vez tiro más fuerte.

Pero más que eso, es el sentir parejo, lo gemelo, lo más que complementario. Encontrar el fin en una unidad esencial que son dos que somos. No poder parar de hablar para encontrarse con un colchón de contingencia que me abraza. Recibe golpes que conoce, pero no juzga. Ni opina. Ni nada. Decir, en su caso, Es. Pienso en unos pies que buscan prevenirse de arañas. De la poesía implícita y maravillosamente insconsciente de este hecho. La maravilla constante y la sonrisa constante. Y en que no puede ser fruto de la casualidad que sean los sentimientos puros la fuente de su búsquema, una vez más, inconsciente. Necesariamente ha sufrido y necesariamente no ha llorado. Aunque sí se le ha quebrado la voz. Se le ha enturbiado la sonrisa y no puedo soportarlo.

Pero en realidad esta noche se resume todo al final de Six Feet Under. A la serie en sí, a quien me la quiso descubrir, a quien quiso jugársela inconscientemente a esa baza y la ganó. Hipar y quebrar y luchar por salirme de mí misma, de no querer... a la vida y... a unos brazos que me protegen de ese no querer seguir aquí y que no me explican nada con palabras porque las palabras no significan nada. Por saber todo esto. Por innatamente Ser.

Por obligarme a mirar a la felicidad a la cara, por no dejarme refugiarme en la tristeza. Por estar todo el puto día sonriendo. Por no dejarme crearme mis problemas. Por alegrarte por mi, por tenerme por relevante. Por ser la criatura más bella, más honesta y más esencial y por ser para ti algo de lo que merece la pena hablar. Supogo que es eso, sí.

lunes, 21 de febrero de 2011

Still

Estar solo. Pero de verdad. No hacer la pantomima para conseguir halagos. Por voluntad propia pero sufrido agudamente. Acorazarte con futilidad. Obnubilarte de servidumbre. Buscar las razones sin tener tiempo. Y esa maldita mella que te mueca superada. TODAVÍA. Supongo.
Espero.

domingo, 4 de julio de 2010

It's not a secret

Motivación cero y alergias sociales ayudan a buscar la miseria y la mierda, esté donde esté. Sentarte delante del ordenador a buscar a gente, fotos y comentarios de cosas que o no te han sucedido o de las cuales ni siquiera fuiste protagonista y que no dejan de ser las cenizas de un castillo en ruinas te hace pensar en aquel espíritu del cual te hicieron partícipe. Yo lo sentí, sentí esa energía, la comunión y la mente colmena. Sentí por mí misma los engranajes del motor moverse por mis circuitos y los de otros. Ahora esos engranajes estamos separados, perdidos y olvidados. Un montón de nombres que eran promesas se tornan ironías y comentarios ácidos como puntas de lanza que atraviesan tu piel. Es un sentimiento amargo que te hace sonreír sin sentido. Como el final de una mala temporada de una serie en la que todos los personajes principales de la serie se han marchado menos tú, claro, que eres el protagonista (ya que hablamos de tu vida) mientras suena una bonita canción indie de moda, despreocupada y en inglés. Con acordes simpáticos.
Pero es inevitable al final de la carretera mental que te produce pensar en tu pasado superado creer que tal vez aquel fue el único tiempo bueno posible. La nostalgia, ese virus corrosivo que pervierte la memoria es salada, y habita en los malos momentos.
Los hábitos dañinos te mantienen en la cuerda de la estabilidad emocional para aquellos que somos educados en valores de corrección. Y la creatividad es otra de esas grandes palabras que hinchan tu pensamiento como gigante y verde esperanza. De algo que probablemente nunca ocurrirá por tu proceder natural.
Vivir de recuerdos ajenos no es sano. Y Latveria, la palabra todopoderosa e infinita siempre fue el final del camino hasta hoy.
Enhorabuena, ya podemos tararear estúpidas canciones como gilipollas antes de acostarnos.

viernes, 12 de febrero de 2010

Good evening Mr Baxter

Tal vez esta sea otra de esas muchas veces que escribo algo y se queda ahí. Como una mancha en un mantel. Algo que se espera encontrar en él, pero que aún así molesta.
Tal vez vuelva a repetir viejas ideas, pero qué sería de nosotros si no cayésemos una y otra vez en los mismos errores. La gente no podría mostrárnoslos y sentirse mejores consigo mismos. Eso sería terrible.
Tengo la extraña sensación de que me pierdo en tercero. No es que vaya del todo mal, es sólo que es el ecuador, y no hay una salida fácil. No es una cuerda floja, es una plataforma aislada, y rodeada de vacío.
Son los años que pasan, son los chicos que vienen detrás de mi, que tienen menos años que yo y les queda más camino por delante. Es otra vez el amanecer que le sigue a una noche de empalmada.
Esta ciudad se me queda grande y pequeña. Lo grande es un reto distante. Lo pequeño un aliciente para preparar la huída.
No todo es tan negro. Al fin y al cabo mi vida marcha. Los dolores de cabeza remiten, y supero traumas y miedos. No pienso llamarlo madurar. Me gusta más evolución.
Cultura se ha convertido en una palabra deforme. Pero propia.
Los sentimientos son. Confusos.

miércoles, 3 de junio de 2009

Otra vez por sorpresa


Está muy bien pensar en planes, pero yo sigo aquí con mis apuntes del examen de dentro de 3 horas in pasar de la primera página, y en estos momentos lo más productivo que hago son pompas de jabón.

Te metes la cabeza del mechero en la nariz para ver qué sucede en la mezcla con el café y las 24h sin dormir. Esta no es otra noche de prisas y rasguños para terminar de estudiar, sino de apagar sueños.

Lo que estos meses ha pasado ha sido mucho, y para bien o para mal instructivo. Aprender a ordenar tu vida es doloroso cuando es esto lo que te golpea y no tú a esta idea. Las pompas de jabón están ahí porque yo quiero, y eso es lo peor de todo, que no es inconsciencia.

De lo que soy lo más tranquilo es el paso de mi tiempo. Tengo mucho de éste por delante, el café es el símbolo de la antítesis. En semiótica no me explican nada, pero es presencial obligatoria.

De tres en tres líneas se configuran párrafos banales intrascendentes que no hablan de la potencia interna que en eso se queda. En nada. En canciones sin letra que te ayudan a sentir el viento en un andén de este viaje.

Y es que los golpes te robustecen pero embrutecen, y yo no quiero quedarme sin caminos por la gloria de la superación emocional de putas mierdas. Aunque también es seguro si me quedo llorando de animación se torna todo a fotogramas.

Este piano me dice en voz baja que son las 3 y media. Ay, si este supiera lo vivo que está, no dejaría de admirar. Y eso hay, el ama parsimonia, testigo de mis desvelos en fútiles intentos de naderías póstumas. Esa rabia contenida que sólo estalla en actividades corporales no excesivamente satisfactorias ni provechosas, y que se retira a descansar en lo que muchos se empeñan en llamar Tu Vida.

Me meso el pelo, me muerdo las uñas y me como mi autoestima esperando una respuesta que sólo de las conexiones neuronales de mi cerebro puede salir. Sin pilares a los que agarrarse si te atacan perturbaciones olvídate de controlar tus acciones. Está aquí la canción de Blanco, el hermano de Negro, niño dulce y puro, sin ambiciones, clave para ser mantenido sin descomponer tu ánimo en retazos de realización personal heterodoxa y exoimpuesta. Me gustaría dejar ambas, con(s)ciencia, y meterme un chute de infancia. Hoy por hoy no hago más, pero todo sabe a rancio.

Todo es tan duro sin ser nada…