domingo, 4 de julio de 2010

It's not a secret

Motivación cero y alergias sociales ayudan a buscar la miseria y la mierda, esté donde esté. Sentarte delante del ordenador a buscar a gente, fotos y comentarios de cosas que o no te han sucedido o de las cuales ni siquiera fuiste protagonista y que no dejan de ser las cenizas de un castillo en ruinas te hace pensar en aquel espíritu del cual te hicieron partícipe. Yo lo sentí, sentí esa energía, la comunión y la mente colmena. Sentí por mí misma los engranajes del motor moverse por mis circuitos y los de otros. Ahora esos engranajes estamos separados, perdidos y olvidados. Un montón de nombres que eran promesas se tornan ironías y comentarios ácidos como puntas de lanza que atraviesan tu piel. Es un sentimiento amargo que te hace sonreír sin sentido. Como el final de una mala temporada de una serie en la que todos los personajes principales de la serie se han marchado menos tú, claro, que eres el protagonista (ya que hablamos de tu vida) mientras suena una bonita canción indie de moda, despreocupada y en inglés. Con acordes simpáticos.
Pero es inevitable al final de la carretera mental que te produce pensar en tu pasado superado creer que tal vez aquel fue el único tiempo bueno posible. La nostalgia, ese virus corrosivo que pervierte la memoria es salada, y habita en los malos momentos.
Los hábitos dañinos te mantienen en la cuerda de la estabilidad emocional para aquellos que somos educados en valores de corrección. Y la creatividad es otra de esas grandes palabras que hinchan tu pensamiento como gigante y verde esperanza. De algo que probablemente nunca ocurrirá por tu proceder natural.
Vivir de recuerdos ajenos no es sano. Y Latveria, la palabra todopoderosa e infinita siempre fue el final del camino hasta hoy.
Enhorabuena, ya podemos tararear estúpidas canciones como gilipollas antes de acostarnos.

2 comentarios:

joma dijo...

Se tiende mucho a idealizar el pasado, ¿No crees?

Jose Antonio dijo...

Necesitas volver a los orígenes. La cárcel de coches y cristales vuelve a las personas locas. Mírame a mí, escribiéndole al pasado, a una persona que ya ni siquiera existe.